406.- Sablazo
En aquel tiempo, en mi pueblo,
había un hombre que llevaba
el féretro hasta el difunto,
pero cargado a su espalda.
Ver a este hombre por la calle,
con el féretro a cuestas,
presagiaba mala suerte.
-¿Quién es la persona muerta?
Pregunta que se hacían
unos a otros los paisanos.
Los niños al ver a este hombre
vociferaban: ¡Sablazo!
Una y otra vez: ¡Sablazo!
El buen hombre, ataúd a cuestas,
encorvado por la carga,
no levantaba cabeza.
Con el féretro atado
con una gruesa cuerda
que se la llevaba al pecho,
iba con su "cruz" a cuestas.
Los niños seguían gritando
al tiempo que se alejaban;
¡Sablazo, Sablazo! ¡Pobres!
La muerte les asustaba.
El buen hombre continuaba
como si no oyera nada;
con su trabajo de muerte
y niños en desbandada.
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