lunes, 23 de marzo de 2026

406.- Sablazo

 406.- Sablazo


En aquel tiempo, en mi pueblo,

había un hombre que llevaba

el féretro hasta el difunto,

pero cargado a su espalda.


Ver a este hombre por la calle,

con el féretro a cuestas,

presagiaba mala suerte.

-¿Quién es la persona  muerta?


Pregunta que se hacían 

unos a otros los paisanos.

Los niños al ver a este hombre

vociferaban: ¡Sablazo!


Una y otra vez: ¡Sablazo!

El buen hombre, ataúd a cuestas,

encorvado por la carga,

no levantaba cabeza.


Con el féretro atado

con una gruesa cuerda

que se la llevaba al pecho,

iba con su "cruz" a cuestas.


Los niños seguían gritando

al tiempo que se alejaban;

¡Sablazo, Sablazo! ¡Pobres!

La muerte les asustaba.


El buen hombre continuaba

como si no oyera nada;

con su trabajo de muerte 

y niños en desbandada.

.../...

jueves, 12 de marzo de 2026

405.- El beso

405.- El beso


En una plaza cualquiera,

también de un pueblo  cualquiera,

ella, sentada en sus piernas;

él, sobre un banco de piedra.


Ella le hablaba al oído;

él, reía de tanta dicha.

Ella besaba su cuello;

él, casi, se estremecía.


Entre arrumacos y besos,

entre palabras y sonrisas,

el paisaje no era otro

que el amor a plena vista.


Los amantes disfrutaban

ocupando su universo,

expandido de amor,

todo ello en un beso.


Entrelazaban sus cuellos,

lánguidamente, besándose.

Colgados, uno del otro,

de la boca y en el aire.


Los amantes se juraban,

eternamente, amor;

sellándolo con un beso

poco antes de su adiós.


El beso quedó ilustrado

en los colores de Klimt

o en la bella escultura

del afamado Rodin.