402.- El buen anfitrión
La mesa estaba puesta
con sus doce comensales.
El anfitrión, en el centro,
les hablaba de ausentarse.
Al tiempo que departía
les animaba, en la cena,
para no desfallecer
en la ardua y dura tarea.
Y así, entre sus palabras,
a veces, incomprensibles
y dudas de los presentes,
quiso poder despedirse.
Dicen que profetizó
momentos que se cumplieron:
la traición de un tal Judas,
las negaciones de Pedro...
Aprovechando el momento
y como buen anfitrión,
repartiendo pan y vino
fue como dijo adiós.
Después nos llegó el relato
y las interpretaciones.
El anfitrión de la cena
se quedó entre los hombres.
En cualquier punto del mundo
se imita aquella cena,
donde aquellos doce hombres
enseñaron sus vivencias.
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