420.- Cosas que no tienen precio
Lo mejor de la vida
no tiene precio,
aquél que se lo ponga
pierde su crédito.
No compré licencia
para respirar,
tampoco, balcones
para ver el mar.
Me adentré en los bosques
de forma gratuita;
caminé por montes
llegando a sus cimas.
Nunca pagué nada
por ver los colores,
ni por oír hablar
de grandes pasiones.
Y así, respirar,
sentir, amar,
contemplar las estrellas,
oír el mar;
Pasear por la playa,
casi desnudo,
saber que también formo
parte del mundo.
Todo lo anterior
me costó nada.
Los sentidos valoran
la voz del alma.
Lo mejor de la vida
no tiene precio,
aquél que se lo ponga
pierde su crédito.
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