408.- Bajamar
Mi patio era la calle,
y mi campo, el pinar;
mi monte, la "Tarayuela"
para otear la mar.
Y la playa, ¡ay, la playa!
La playa era mi recreo,
mi contacto con la mar,
donde guardaba mis sueños.
Desde el espigón del puerto,
a la desembocadura
del río, que un día fue puerto,
está la playa del pueblo.
Los años de mi niñez
y los de mi juventud
están asociados a ella.
Tiempo de sol y luz.
¡Cómo olvidarme de ella!
Del color de su arena;
de mi caminar desnudo
en bajamar, ¡la excelencia!
Es sentir la ingravidez;
como andar sobre la mar
sin pensar en un mañana.
Es, simplemente, gozar.
En un rincón de mi pueblo,
otra playa: Yerbabuena;
Tesoro entre las playas
y abandono de las penas.
Dile a la mar que me acuerdo
de mis juegos en sus playas
y de mi andar descubriendo
lo que sus olas me daban.
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